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Amate más

Amarse uno mismo significa aceptarse tal cual uno es.  Dejar de criticarse, juzgarse y compararse con otros. Es conocer tus límites y saber que necesitas tiempo para descansar y para disfrutar de la vida más allá de un paseo o una fiesta.  Amarse uno mismo es disfrutar  mirar el cielo, contar las estrellas, escuchar los sonidos de la naturaleza o respirar el aire puro.  Es permitirse ser diferente a los demás. Amarse uno mismo es conocer lo que te gusta y lo que no te gusta de ti.  Saber lo que te apasiona y perseguir tus sueños.  Es  comprender que aunque la individualidad es buena en ocasiones necesitas gente que te amen, te apoyen y estén a tu lado.  Es ver que callar las cosas no siempre es una opción saludable  y que es importante tener a alguien a quien confiarle tus secretos más íntimos.

Cuando aprendemos a amarnos más buscamos nuestro  bienestar y somos capaces de proporcionarle bienestar a los demás. Amarnos más nos permite ser flexibles con nosotros mismos y nos da la oportunidad de liberarnos del miedo al fracaso y confiar en nuestras capacidades y destrezas. Amarse uno mismo significa ver que no tienes que ceñirte a las expectativas o condicionamientos de otras personas. Aprendes a decir no cuando sea necesario, y sabes que no tienes que agradar a todo el mundo.  Es aprender a escucharse a sí mismo y atender sus propias necesidades primero para poder entender las necesidades de los demás.  Amarnos más es hacernos responsable de nuestros errores y aprender de ellos para no volverlos a repetir. Es dejar de lamentarse por el pasado y tomar las riendas del presente.  Amarnos más nos enseña a no quejarnos ni a victimizarnos todo el tiempo. Amarnos y conocernos más nos abre al conocimiento de otras facetas en nuestra vida y nos permite desarrollar nuestro potencial. Amarnos más nos permite ver que en la vida no solo hay nubes grises y que esas nubes grises se van con el viento para dar paso a las de color rosa. Amarnos más nos enseña que aunque las nubes rosas no sean totalmente rosas, depende de nuestra actitud para disfrutarlas o dejarlas pasar. Amarnos más es salir de la rutina  y alcanzar el cielo a través de nuestros sueños para luego hacerlos realidad. Amarnos más nos permite darnos cuenta de que debemos perdonar para recibir el perdón de Dios, para sentirnos en paz con uno mismo y para mejorar nuestro bienestar. Amarte más te hace mejor, te hace  hija o hijo de Dios.

El rechazo

El rechazo produce inseguridad y temor a sentirnos rechazados por otras personas. El temor a ser rechazados nos hace tan vulnerables que si llegamos a un lugar y no nos saludan, pensamos que nos ignoran o nos rechazan, cuando la realidad es que posiblemente no nos vieron.  Mirar las cosas desde el temor nos nubla la razón y  no nos permite ver que quizás otras personas necesitan de nosotros porque pasan un dolor mucho mayor que el nuestro.  El temor al rechazo no nos permite ver que Dios no nos rechaza, que somos hijos del Dios Altísimo y que antes de que fuéramos creados ya El nos había pensado (Salmo 139).  Saber que Dios es nuestro Padre y que somos sus hijos, que nos ama y no nos rechaza, debe ser la mayor motivación para que nos sintamos seguros y felices.

Nuestro temor desaparecerá cuando nos concentremos en lo que realmente somos.  Dios nos creó únicos e irrepetibles.  No existe otro ser humano igual a nosotros porque ni aún los hermanos gemelos son totalmente iguales.  Dios se tomó el tiempo para crearte para hacerte Su hija/o.  Aún cuando Adán y Eva pecaron y a través de ellos el pecado entró en cada criatura del mundo, Dios se hizo hombre para que podamos ser aceptables a El nuevamente a través de Jesucristo.  

 

Si fuiste rechazada/o por tu padre, madre, esposo, hermanos, hijos, no es tu problema, el problema lo tienen ellos que te rechazaron.  No necesitas su aprobación para ser feliz.  Tu tienes lo mejor para ser feliz y se llama Jesucristo.  Eres aceptada por Dios y hecha hija/o a través de Jesucristo.  Así que como dice la Palabra “bástate mi gracia”.

Carta para una mamita divorciada

Mamita, sé que a veces no soy lo que tu esperas.  Es más, muchas veces te desiluciono cuando no actúo  como tu quieres.  Quisiera que entendieras que todo sería mejor si me disciplinaras con amor.  Si me corrigieras con paciencia.  Comprende mamita, aún soy muy pequeña.  Quiero ser como a ti te gustaría que fuera, pero a veces no puedo entender como quieres que sea.  A ti te gustaría que estudiara por mi cuenta y que fuera más formal, que cuando pidieras que haga algo, lo haga sin chistar, pero a veces mamita, mis seis añitos hacen que me olvide de todo.  A veces pienso, “hoy le voy a dar la sorpresa a mamita:  no hablaré en clase”.  Pero sabes, vuelvo a olvidarlo.  Entonces, hablo, hablo y hablo. Sé que me quieres y quieres lo mejor para mi, pero lo mejor para mi es estar contigo; formando una familia, disfruntando del hogar de mi madre.  Te amo mami, pero aunque tu no lo creas, me siento infeliz.  Es más creo que la infelicidad que siento es lo que me hacer ser como soy.  Dicen los mayores que tal vez sea por falta de atención.  Sí, ya sé, tu me das atenciones.   Siempre estas pendiente de que me lave los dientes, que me bañe, me compras ropas y me envías a la escuela.  Pero a veces, mamita, quisiera que me dijeras que soy linda más seguidito; que me dejaras poner mi cabecita en tu falda más a menudo.  Que me pidieras las cosas... y si no las hago, que me reprendas con amor.  Que no vieras en mi el reflejo de los sufrimientos del pasado.  En fin mamita, quisiera ser como tu quieres que sea.  Enseñaname ¿sí?

No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero.  Hermanos, no digo que yo mismo ya lo haya alcanzado; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús.

       Filipenses 3:12-14

Mujer tensionada
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