Súmate al cambio


El planeta Tierra es el hogar de cada uno de los seres humanos. Sin embargo, muy pocos nos hacemos conscientes de que nuestras acciones pueden traer consecuencias nefastas para nuestra convivencia. Una de estas consecuencias es el cambio climático. Éste trae como resultado el calentamiento global y por consiguiente sequías, cambios atmosféricos y enfermedades, entre otras cosas. El agua es vital para la subsistencia de todo ser vivo. Sin embargo, a pesar de que el planeta Tierra está rodeado de agua, solo el 0.25% está apta para el consumo. El ser humano con sus acciones en apenas una década ha logrado contaminar miles de ríos y secar muchos otros. Nos hemos vuelto tan egoístas que no nos damos cuenta de que existe más de una tercera parte de la población del mundo que no tiene acceso a agua potable.


Lamentablemente, por ignorancia o por egoísmo, las acciones del ser humano están ligadas al cambio climático. Los países desarrollados malgastan no solo alimento, sino ropa, electricidad y agua. En el siglo 21 se hace realidad lo que muchos expertos advirtieron hace algunos años sobre la sequía, la contaminación y la escasez de agua en el mundo. Así que no sería extraño que la crisis provocada no solo por los cambios climáticos, sino por la pandemia del covid 19 sea utilizada para infiltrar tácticas en las naciones donde hayan grandes reservas ecológicas en el mundo.


En el mundo desarrollado el agua todavía no es una situación preocupante. Sin embargo, en países como India, Somalia, Nigeria y Niger, escasea dramáticamente. Naciones como Qatar, Israel, Libia, Eritrea y Botswana; y en latinoamérica países como Chile y México tienen más demanda del líquido de la que disponen. En lugares como Irán, Gaza, Palestina y Cisjordania el agua es una preocupación, ya que son puntos estratégicos para el control del territorio, lo que hace que sus estructuras se conviertan en objetivo militar.


La mayoría de la gente desperdicia el preciado líquido porque desconoce el alcance de esta acción. Vivimos en un mundo ajeno a la realidad de la grave crisis que vive nuestro planeta. Nos hemos vuelto tan egoístas que solo vemos por nuestra propia complacencia y nuestras propias necesidades. Decimos que amamos a Dios, pero se nos olvida el segundo mandamiento “y a tu prójimo como a ti mismo”. Y mi prójimo no es solo el que tengo en mi entorno, sino todo aquel que vive sobre la faz de la tierra.


Jesús dijo que “somos sal de la tierra y luz del mundo”. ¿Se ha puesto a pensar en lo que significan estas palabras? Ser sal de la tierra y luz del mundo es una gran responsabilidad que Dios pone sobre nuestros hombros porque significa que nos considera parte de Su reino. Jesús NO dijo tienen que ser sal, sino SON sal y SON luz. Esto lo que quiere decir es que todos tenemos una responsabilidad sobre cada una de las cosas que El dejó a nuestro cargo. La sal es la que da sabor a los alimentos y los preserva. En términos humanos si somos sal podemos mantenernos apartados de la corrupción del pecado y por consiguiente nuestras acciones nos favorecerán y beneficiarán a los demás.


Cuando Jesús dijo que fuéramos luz del mundo, hablaba de nuestro testimonio. Los seres humanos ejercemos muchos roles: somos padres, hijos, esposos, vecinos, amigos, estudiantes, trabajadores y ciudadanos del planeta tierra. Sin embargo, ninguna de esas facetas es contraria, ya que aunque cada rol es distinto, nuestros valores éticos y morales deben ser los mismos. Los valores no cambian conforme a quienes tratamos, ni tampoco somos distintos a cuando estamos solos o nos están mirando. Ningún ser humano tiene luz propia, sino que nos hacemos luz a través de nuestras acciones. Son nuestras acciones las que se convierten en la luz para alumbrar a los demás. Es nuestra luz la que produce el querer como el hacer, como dice la Biblia, para que cada ser humano haga las cosas por el bien de los que ama y de toda la humanidad.


Tal vez muchos de nosotros pensamos que no hacemos daño a nadie. Sin embargo, ejercemos algunas pequeñas costumbres que son perjudiciales para el sostenimiento del planeta y por lo tanto al ser humano.


1. Hacemos mal uso de la energía eléctrica.

2. Malgastamos agua

3. Podamos árboles

4. No reciclamos

5. Arrojamos basura a los océanos

6. Tiramos goma de mascar al suelo

7. Echamos globos plásticos al aire

8. Tiramos las baterías (pilas) a la basura

9. Echamos las colillas de los cigarrillos al suelo

10. Usamos dehodorantes con aerosol


Todos podemos ser parte del cambio. Todos podemos sasonar la vida con nuestra sal y alumbrar el mundo con nuestra luz. Evite consumir energía innecesariamente. Aproveche la luz natural. Use bombillas que consuman menos energía. No deje luces encendidas en habitaciones que no esté usando y regule la temperatura en su hogar según la época del año. Este pequeño acto ayudará a conservar el medio ambiente y le permitirá reducir su factura de la luz.


Lave su vehículo con un cubo y una esponja en vez de una manguera. Este diminuto cambio evitará que gaste un 80% más de agua. El agua es un recurso natural muy importante. Sin este recurso la vida del planeta es imposible. Evite desperdiciarla. Cierre el grifo mientras se lava los dientes, limpie los platos o lave alguna pieza a mano. Esta pequeña acción ahorrará 20 litros de agua cada vez que abra el grifo.


Use artículos que puedan reutilizarse: vidrio, plástico, papel y cartón. Use menos los vehículos de motor. Camine o use bicicletas.


Evite echar las baterías (pilas) al zafacón. Las pilas tardan entre 500 y 1,000 años en descomponerse y puede contaminar hasta 3,000 litros de agua.


NO arroje goma de mascar (chicle) al suelo. Este tarda cinco años en degradarse y si un pájaro lo picotea, se pegará en su pico y morirá por asfixia.


Evite utilizar dehodorantes en aerosol. Estos liberan dióxido de carbono, azufre y nitrógeno que afectan la calidad del aire. Además, los compuestos orgánicos volátiles que contienen se convierten en gases que se quedan acumulados en la capa baja de la atmósfera terrestre.


Puede ser divertido ver subir un globo al aire. Sin embargo, los globos pueden ir al estómago de los animales, peces y aves que no son capaces de distinguir la comida. Al ingerir estos globos puede causarle la muerte por asfixia o indigestión.


No tire las colillas de los cigarrillos al suelo. Estas colillas contienen sustancias químicas como el plomo, acetato de celulosa, y plástico que tarda en degradarse y afecta el aire porque libera nicotina, arsénico y cadmio.


Siembre arboles. Estos producen oxígeno, purifican el aire, forman suelos fértiles, evitan erosión, mantienen los ríos limpios, captan agua para los acuíferos, protegen la fauna, reducen la temperatura del suelo, propician el establecimiento de otras especies, regeneran los nutrientes del suelo y mejoran el paisaje.


Como sal de la tierra y como luz del mundo, todos tenemos la responsabilidad de cambiar nuestros hábitos para salvar el planeta. Todos debemos comprometernos a pasar el mensaje. Es tiempo de salir de la ignorancia y crear conciencia. Es tiempo de ser obedientes, solidarios y empáticos. Es tiempo de ser colaboradores de Dios. Súmate al cambio.


Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Salmo 19:1




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