No envenenes tu alma


¿Cómo quieres vivir la vida? ¿En paz y feliz o con ira, enojo y rencor? Dios nos dotó con la capacidad de elección. Así que tu decides si quieres vivir en paz y feliz o con ira, enojo y rencor. Nosotros por nuestra propia cuenta o por nuestra propia capacidad no podemos elegir correctamente. Tenemos que aceptar que necesitamos que la Gracia de Dios actúe en nuestras vidas. La Gracia es un favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al ser humano para llevarlo a la salvación. La Gracia y la salvación son regalos que Dios nos da. Por lo tanto, cuando DECIDIMOS vivir la vida con ira, rencor y enojo con nuestros semejantes, en realidad lo que estamos haciendo es rechazar el regalo que gratuitamente Dios nos da.


Muchas veces hemos escuchado que se puede vivir en paz en medio de la tormenta. Eso es muy cierto. Hace algunos años atrás, conocí a una señora que era maestra de escuela bíblica de niños. Ella se enfermó de cáncer en el seno y cuando lo descubrieron era demasiado tarde. Su cáncer se había regado por todo el cuerpo. Un día fui a verla al hospital. Sentía miedo de verla porque pensaba que la vería demacrada y moribunda. Y ciertamente estaba pálida y desmejorada, pero me recibió con una sonrisa en los labios y con mucho ánimo. En realidad físicamente se veía enferma, pero su espíritu estaba sano. Su alegría y su ánimo hizo que me sintiera bien y feliz de estar allí con ella. Su físico podía estarse desmejorando, pero ella había encontrado la mejor medicina para su espíritu. Ella sabía que aunque su cuerpo un día cedería a la muerte física y dejaría esta tierra, estaba segura de que pasaría a una mejor vida. Su actitud ante la adversidad había cambiado su semblante físico.

El odio, la ira y el rencor son como un equipaje pesado que no nos permite avanzar, que nos oscurece el pensamiento y termina envenenándonos el alma y cuando esto ocurre no nos permite disfrutar la vida con paz y felicidad. Dios, a través del libre albedrío y la gracia nos da la oportunidad de comenzar nuevamente a ser plenamente felices. Nos toca pues decidir.

La felicidad no es algo que dependa del ambiente que nos rodea o las personas que tengamos a nuestro alrededor. LA FELICIDAD ES DIOS MISMO ACTUANDO EN NUESTRA VIDA. Si realmente queremos sentirnos en paz y felices, debemos decidir ELEGIR ser felices aún por encima de lo que sintamos o querramos hacer. Debemos querer que nuestras heridas cierren y dejen de hacernos doler. NADIE puede lastimarnos más que nosotros mismos.

La falta de perdón es como un veneno que poco a poco va lacerando nuestra alma y nos quita la paz y por consecuencia nos quiere robar la salvación (Mateo 6:14). No dependemos de nadie que no sea Dios para sanar nuestra alma. El nos brinda el remedio para esa sanidad a través del perdón.

Perdonamos cuando reconocemos que solo Dios es perfecto y que en la tierra no hay nadie perfecto. TODOS somos imperfectos y pecadores (Romanos 3:23) Perdonamos cuando nos damos cuenta de que si Dios me da la capacidad para perdonar a quien me ofendió, a esa persona también le ofrece la capacidad de arrepentirse. Perdonamos cuando dejamos de magnificar lo que nos hicieron. Perdonamos cuando dejamos de tenernos compasión a nosotros mismos y bendecimos a quienes nos han hecho mal (Lucas 6:28). Perdonamos cuando dejamos de sentirnos culpables y autocriticarnos (Mateo 22:39). Perdonamos cuando dejamos de juzgar, criticar y reclamar por lo que nos hicieron. Perdonamos cuando dejamos de jugar a ser Dios y comenzamos a reconocer que necesitamos a Dios.

Que no nos importe si la persona que nos ofendió se arrepintió o no. Ese no es nuestro problema. Ese es problema de esa persona y Dios. Que no nos importe cuando se arrepentirá o si nos pide perdón o no. Procuremos que nosotros podamos perdonar y sanar nuestra alma. Perdonar es una actitud, es una decisión que nos permitirá crecer como ser humano y nos desintoxicará el alma.

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