Mi modelo para un matrimonio feliz


Muchas veces hemos escuchado decir que “los niños son como esponjas” y aunque sea un cliché, la realidad es que estudios indican que muchas de los rasgos de nuestro comportamiento de adulto están influenciados por las vivencias de nuestra niñez. Estudios también han detectado que la unión de los hijos con los progenitores también está relacionado con desarrollo en las relaciones de pareja. De manera que cuando una pareja forma una nueva familia, por lo general esa nueva familia es muy parecida a la familia que formaron con sus padres. Cada parte de la pareja aportará a esa nueva relación vivencias y experiencias de su vida familiar. Aunque se nos haga difícil entenderlo, ese nuevo hogar estará conformado por la influencia de los modelos de nuestros padres. Tal vez nos resistamos a creer que esto es así, pero sin que nos percatemos tendemos a repetir esas experiencias.


¿Sería correcto adoptar nuevos modelos de familia o continuar con el que aprendimos en nuestra infancia? En realidad no existe un modelo específico para adoptar como familia que no sea el que Dios instituyó en la Biblia. La Biblia contiene todos los elementos para formar una familia estable y feliz. Así que lo correcto sería adoptar todas aquellas cosas que van conforme a los principios de la Palabra de Dios.


La Biblia nos invita a “Examinarlo todo, retener lo bueno y desechar lo malo” (1 Tesalonisenses 5:21-22). Lo que esto significa es que siempre hay espacio para mejorar. Si dentro de nuestras experiencias de la niñez hubo prácticas que van contra lo que Dios espera de nosotros, entonces éstas necesitan ser desechadas y reemplazadas por mejores ejemplos. A menos que hayamos vivido experiencias que fueron buenas y todavía nos den espacio para crecer y mejorar. Sin embargo, si dentro del seno de nuestra familia vivimos experiencias que nos ayudaron a crecer y a afirmarnos como personas, entonces no debemos cambiarlas.


En estos tiempos muchos matrimonios son afectados por la falta de apoyo y solidaridad. Cada cual jala para su lado sin consultar a la otra parte de la pareja. Si pusiéramos nuestros hábitos al análisis bíblico, podríamos lograr un hogar de paz, amor y armonía, pero la gran mayoría de las veces la respuesta a estos hábitos es “yo soy así”. Decir “soy así” probablemente es solo un hábito copiado de la relación de nuestros progenitores o de quienes nos criaron. Significa eso entonces que no hemos probado otra manera de hacer las cosas.


Dios desea quitar de nuestras vidas hábitos y costumbres aprendidas que perjudican Su obra transformadora en nosotros para cumplir Sus propósitos. La Palabra nos invita a renovar nuestro entendimiento para comprobar cuál es la buena voluntad de Dios (Romanos 12:2). Lo que Dios nos está pidiendo es que aprendamos a discernir lo que es bueno para mi prójimo y mi prójimo también es mi familia.


No todo lo que hemos aprendido en nuestro círculo familiar en nuestra niñez es malo, pero es necesario discernir qué cosas podemos cambiar o hacer ajustes para no repetir los mismos errores de nuestros padres. Muchas veces decimos la oración modelo del Padre nuestro y lo hacemos sin detenernos a reflexionar en lo que significan cada una de las palabras de esa oración. “Vénga a nosotros Tu Reino y hágase Tu voluntad” lo que supone es que debemos hacer cambios drásticos. En la gran mayoría de las ocasiones los seres humanos erramos la voluntad de Dios, sobre todo cuando se trata de nuestras familias. Estoy segura que en la gran mayoría de las ocasiones al decir que queremos que Dios haga Su voluntad en nuestras vidas, lo hacemos con sinceridad, pero decirlo no es suficiente, sino el principio del cambio que Dios quiere que hagamos para que logremos el hogar de paz, amor y armonía que El espera de nosotros. De manera que nuestras palabras deben convertirse en una práctica de los principios bíblicos en nuestra vida cada día con nuestra familia. De lo contrario, solo nos estamos engañando (Santiago 1:22).

La familia es la primera institución que Dios creó. Es el agente principal para la transformación de una sociedad. Es a través de la familia que Dios pone en práctica Su Evangelio y de donde parte para hacer nuevos discípulos, por lo tanto debemos procurar que nuestras familias se conviertan en luz en medio de las tinieblas (Mateo 5:14-15) y solo ciñéndonos a la Palabra podremos lograrlo.


“Y los bendijo Dios diciéndoles: –Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra.” Génesis 1:28 (RV1995)

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